sábado, 6 de septiembre de 2008

Ese trapito que hace llorar (tribulaciones sobre la moda "mundial")

Dedicado a un amigo que dijo al pasar: "sin los bigotes me siento desnudo"

Ustedes saben que existió un matemático llamado Whitehead, que dijo “Pensamos en generalidades, pero vivimos de detalles”. Muy sabia y muy real la frase.
En los detalles nos vamos a detener, porque interesa ubicar al vestido como un signo fundamental dentro de esa escena futbolísitca.
Cuando digo vestido digo vestimenta, digo más precisamente ‘vestidura’, que es aquello que vestimos para que nos represente.
En la tibia presentación del mundial la pantalla proyectaba muchachos solteros cómicamente vestidos de tiroleses, cuyos trajes confeccionaron sus mujeres, hijas, madres, hermanas, decían los presentadores. También un grupo de hombres con látigos, que recordaban la defensa que emprendían antiguamente contra los lobos y los osos que los atacaban, defensa que no dejaba de traer un tinte sexual al asunto. Y vestidos coníferos, que escondían quien sabe qué debajo de ellos.

En la cancha misma, en general es la mirada femenina quien observa el detalle estético.
Un amigo me decía, después del partido de Argentina, “cuando lo ví a Maradona con la camiseta, me largué a llorar” Un trapito que hace llorar. La superficialidad de la tela puede representar esa profundidad de la historia.
¿Y qué vemos? Vemos que destacan en las camisetas, las charreteras. En el hombro, hay un pliegue, un retazo que cubre el músculo deltoides, también llamado músculo charretera. No sé si habrán detenido la mirada allí, pero las camisetas de Suecia e Inglaterra tienen una crucecita en el hombro. Es la cruz que representa su historia de conquista y de batallas. Bueno, Borges decía que los ingleses son suecos disfrazados, no?
La camiseta secundaria de Alemania es gris, y tiene un retazo color negro en el hombro. Cuando los muchachos entran a la cancha parecen un batallón, con las vestiduras portadas por la corpulencia propia de la raza.
Estas son insignias que inevitablemente remedan lo militar. El campo de juego es un campo de batalla. En el lenguaje encontramos esta equivalencia:
“Hacelo de goma, matalo”
“Dale con todo”

Toda la agresividad de la multitud abonando una metáfora bélica. La guerra, se sabe, es lo que da cuenta de lo que no se tramita, sea mediante el juego de un deporte, sea mediante el arte, entre los seres humanos.
Podríamos pensar entonces al FUTBOL COMO LA REPRESENTACION MODERNA DEL COMBATE.
Aunque guerras sigue habiendo, el fútbol sería el enfrentamiento logrado, pautado, sin muertes. O al menos lo sostiene esa intención.
Y el vestido, la vestidura, es el eco de ese antepasado épico. Un trapito que dice que lo superficial es lo profundo, porque el vestido es la representación más cercana del afecto en el cuerpo. Freud hablaba de “Investidura”, de investir, que es más que vestir, un cuerpo de libido.
La camiseta garantiza sentido para el que lo inviste: de pertenencia… de identidad.
Vestido que indica una batalla. He allí esta frase popular que dice “Vestida para matar”
¿De quién se dice que está vestida para matar? De la mujer que puede delinear ese borde donde lo interno de la piel es impulsado hacia lo externo y tiende a mostrarse… parcialmente: en el cuello, en las muñecas, sobre el escote, en el bajo de las faldas… Pues lo que tiene valor estética o eróticamente es esa mezcla suspendida de apariencia y oculto, así se encuentra preservada la ambivalencia fundamental del vestido, encargado de revelar la desnudez al mismo tiempo que la esconde.

Aunque nadie vaya a “Rasgarse las vestiduras” por el fútbol, estamos todos allí observando la escena y también ellos están vestidos para matar… al contrincante. “Mátenlos a estos bagartos”

La camiseta despierta el espíritu identitario, de una identidad en la que todos convenimos en pertenecer, donde el otro aparece como colega, como mostrando algo que ha sido apropiado concientemente. Ese rasgo que nos sostiene… Allí todos podemos cubrirnos con la misma bandera y corear al unísono. Por un juego, como otros lo hacen por una guerra.
Los lechos y las batallas comparten sus rincones, ustedes saben que las mujeres de la Grecia antigua que morían dando a luz y los hombres que morían en batalla, tenían un lugar sepulcral privilegiado. Los griegos también eran aquellos que contaban los años de acuerdo a las olimpiadas: decían es el año 2 de la olimpiada 3.
Vestidos para matar.
Tanto el juego deportivo, el pavoneo sexual y la escena militar: implican el mismo lenguaje. O en todo caso: el fútbol tiene su erótica y su épica.

La camiseta es esa piel que dice de lo desnudos que estamos y su intento por recubrir desde lo colectivo la soledad existencial en la que nos encontramos. Dice de todo lo que tenemos que vestirnos con banderas, gorritos y ropa interior blanca y celeste, alusiva al campeonato, para poder velar nuestra propia desnudez del ser, esa que no se recubre con nada, y llorar por un trapito de vez en cuando.

5 comentarios:

lucesazul dijo...

Genial, genial!!!
Felicitaciones por el blog. Los textos me encantaron y este de las vestiduras rasgadas, más todavía.
Te quiero amiga.
Beso
Lula E

Pablo dijo...

Guau, Princesa, me ha encantado su blog. La acabo de poner en RSS para andar al tanto de qué nuevo me escribe. En cuanto a lo que dice, qué más podré aportar que aquella frase sabia de "sólo cuando juega la selección, todos los españoles sienten como tal". Pues mira, durante un rato, algo que hemos ganado. Aunque los nuestros sean todos una pandita de metrosexuales mucho menos morochos de lo que se podría esperar...

Luisina dijo...

Gracias divina!!!!! pero tenemos tanto camino que recorrer! el mundo de la moda es infinito...

Marisa dijo...

Muy bueno! aplicable a otros deportes con los que me identifico... Como es posible sacar del corazon de una madre una asesina sedienta de sangre?... es esa camiseta no sensorial que levamos puesta en el alma.

ROL dijo...

Impecable.....