viernes, 5 de septiembre de 2008

Dime a quien abrazas y te diré cómo duermes

No es lo mismo lo imposible del amor que el amor imposible.
En ese terreno entre las imposibilidades y los amores es que aparece el malestar acerca de cómo dormimos, si dormimos, con quién dormimos. A quién abrazamos para dormir. Si es que el durmiente soporta el abrazo, o necesita la soledad. Es un tema para esos que cambian de estado civil y se encuentran con el síndrome de la cama vacía, que es bastante distinto al síndrome del nido vacío. Bueno, aunque algo se vacía: es un lugar, una función que hacía a la posibilidad del dormir.
¿Qué necesita cada uno para conciliar el sueño? ¿Una almohada, un osito, un osito más grande al que le pueda decir ‘padece un osito’? Parece que hace falta un ‘concilio’, todo un acuerdo, un arreglo. El poder acceder al sueño requiere de los ritos más extensos, más ridículos, más personales. Los sueños son ese estado supremo de distensión corporal, ha dicho Benjamín.. como el aburrimiento lo es del espíritu.

“Hoy está para dormir con piernas”, promete el dicho popular cuando las temperaturas son bajas.
Miren lo que dice un escritor oriental, Jun'ichirö Tanizaki -1886-1965: “Las piernas de mujer, si están bien cuidadas, son un arma mortal. La masculinidad entera ha sido rehén de un par de ellas. Espigadas o regordetas, depiladas o no, según los gustos culturales o el favoritismo individual, las piernas son homicidas”.
Dormir es una forma de la muerte, no? En la mitología griega encontramos dos hermanos: Hypnos (de la muerte temporal, es decir, el sueño), y Thanatos, del sueño continuo, es decir, la muerte) Ellos distribuyen la sombra y deciden su duración.
En los últimos tiempos aparece en primer plano la posibilidad de la medicación. Mucho se escucha sobre esto, también se escucha en el consultorio ‘aunque tomé la pastilla no me pude dormir igual’. Estas declaraciones revelan que no se trata de alisarnos, de armonizarnos, como promete una medicación cuyas bondades se publicita en todos los programas de la tarde, sino de reconocer que el insomnio es el grado máximo de lucidez del deseo. La consternación física de un deseo que pugna por encaminarse y queda entrampado en el laberinto de las noches. Ahí es donde uno está solo.

Unas piernas, otro cuerpo, un osito, la tele, un libro, la propia cama. Winnicott habla de objetos transicionales. Son esos objetos que nos representan, que son más que su materialidad. Que como su nombre lo dicen, permiten una transición, transitar. Es la almohada o el pedacito de tela o el oso sucio de un niño, sin lo cual no puede dormirse. Es algo de lo que alguien no puede pasar, un amuleto, es el ancla con el mundo de los objetos de un sujeto en desconcierto.
Su presencia le garantiza, en este caso el sueño. El sueño, que es la fotocopia del alma... en ese espacio que uno puede llamar la habitación, el nidito, nido vacío, nido lleno, nido de amor, es la evidencia material de un espacio, que es el espacio preconciente, y pertenece a lo que llamamos realidad onírica. Hay evidencia material de ese espacio, donde están esos objetos que a uno le sirven para dormir. Y son transicionales porque muestran ese camino, ese vaivén, esa oscilación propia del lugar. Es un lugar de mezcla y el sueño es la fotocopia del alma, porque ahí se realiza la mezcla, de las ideas inconscientes y de aquello que trata de darle formato a lo inabordable de nuestro ser.
¿Qué garantiza que nos despertemos de él, que salgamos de la alucinación que él implica? Las épocas se han encargado de encomendarle a un príncipe que bese a la princesa. Allí coincidirían con quién ella soñó y con quién dormirá... aunque nunca se sabe hasta cuando, y sus inconveniencias y desencuentros es de lo que estamos hablando.

Dicen que el amor se evidencia cuando alguien puede dormir con otra persona, compartir el lecho. Hay un cuento de Angeles Mastretta, que habla acerca de esto. La protagonista, por medio de unos indicios, se entera que el marido ha salido con otras mujeres, y mientras lo observa dormir, lo que le carcome el sueño es que haya podido dormir tan plácidamente con otra. Eso la lleva a emprender un viaje, con sus hermanas. El tema es que cuando vuelve, el marido le dice “Desde que te fuiste no he podido dormir bien”. A lo que ella piensa para sus adentros, bastante aliviada: “La vida siempre devuelve”.
Se trata de poder dormir cuando en la vigilia hemos hecho lo posible para ganarnos el sueño. Se duerme por contraste, cuando se está viviendo de alguna forma en que el deseo se esté jugando, y que no quede todo para ser consumido en el insomnio. Del finísimo y complejo trabajo del sueño es donde extraemos el material para nuestros proyectos, nuestra vida cotidiana, nuestros anhelos con otros.

Y en ese lazo tan lejano con el otro, el arroró mi niño, ese canto que algunos tuvieron la suerte de que los arruyara, es la bellísima voz preparatoria para acunar el deseo, para ligarnos a la vida tanto como al sueño. Para hacer que alguien nos despierte y nos desvele con el sueño del amor y sus imposibles. Como dice Charly: un amor real es como dormir y estar despierto...

1 comentario:

Pablo dijo...

Totalmente de acuerdo, dormir con alguien es muy indicativo... La piel, el buen conjuntar, los olores. Lo dicen todo y son más fuertes aun que lo demás que ocurre durante el día.